El sazó de la abuela

El concepto suele emplearse con referencia al sabor que tiene la comida. Los alimentos con sazón, por lo tanto, son aquellos que se destacan por la agradable sensación que provocan al gusto. En general se asocia la sazón a una buena elección de los condimentos, que se añaden en su cantidad justa. La sal, la pimienta, el orégano, el pimentón, la nuez moscada y el coriandro son apenas algunos de los condimentos que pueden emplearse para sazonar una preparación gastronómica.

Cuando un platillo cumple con las expectativas del comensal, por lo regular éste lo atribuye a la “buena sazón del chef”,  la cual se reconoce como una virtud.

De aqui que la cocina de la abuela sea una de las mejores comidas que puedan existir.

La buena educación alimentaria se transmite de abuelos a nietos ya que les descubren una cocina con ingredientes naturales, tiempo para comer y cariño para cocinar.

Las abuelas han sido, y son, grandes cocineras, además de expertas en economía doméstica. Conocen con precisión y acierto la temporada natural de las verduras y las frutas, de los pescados y las carnes, de las hortalizas y las  legumbres. Trasladan toda esta sabiduría a los fogones y son innumerables las recetas que mejor hacen. El sabor de la sopa, las croquetas y las natillas. A estas ventajas hay que sumar la disponibilidad actual de ingredientes en los mercados a precios competitivos. Y lo que antes eran platos de domingo, hoy son la comida del martes.
Las comidas del mediodía son tal vez más susceptibles de error, en las cantidades y en las combinaciones. Pero basta seguir unas sencillas pautas para acertar. Una ración de carne se debe ajustar en cantidad a la edad del niño: entre 50-70 gramos para niños de 4 a 6 años, y no más de 100 g (mejor si son 80 g) en niños mayores de 7 a 11 años. Un plato de 150 gramos de macarrones, legumbres o arroz (peso del alimento ya cocido) está bien y delicioso con salsas, sofritos o condimentos caseros, como la salsa de tomate. Las patatas siempre serán pocas, pero suficientes y no siempre fritas. También se les ofrecerá a los niños patatas asadas en el microondas, que son tan ricas como las fritas.
Se sabe que el exceso de sal empieza en la cuna. La cantidad recomendada por la OMS no debe exceder de 400 miligramos de sodio/día en los niños menores de un año. Sin embargo, a quienes se les deja de amamantar o se añaden alimentos, se aumenta el aporte de sal con productos manufacturados, salsas y la leche de vaca administrada antes de los 12 meses. Se advierte en los estudios de que la gran mayoría de sal que se ingiere no proviene de la añadida en la cocción o en la mesa. Por lo tanto, que las abuelas reduzcan la sal al cocinar, la limiten a pesar de sus costumbres culinarias, e incluso la destierren de la mesa, ayudará a que sus nietos acostumbren el paladar a sensaciones más sosas, pero más sanas. La salud de los nietos lo agradecerá.


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